Questa mattina, dopo essersi congedato dalla Nunziatura Apostolica con il saluto al personale e ai benefattori, il Santo Padre Francesco si è trasferito in auto alla Sophia University dove alle 7.45 locali (23.45 ora di Roma) ha celebrato in forma privata la Santa Messa con i membri della Compagnia di Gesù nella Cappella del Kulturzentrum. Al termine della Messa, il Papa ha salutato i sacerdoti concelebranti.
Dopo essersi intrattenuto nel refettorio per la prima colazione e aver incontrato in privato il Collegio Massimo, il Santo Padre ha visitato i sacerdoti anziani e malati. Successivamente ha incontrato in forma privata i sacerdoti presenti nel refettorio e all’uscita ha salutato 15 impiegati della comunità.
Alle 9.45 locali (1.45 ora di Roma), il Papa ha visitato la Sophia University. Accompagnato dal Provinciale dei Gesuiti e dal Cancelliere dell’Università, ha raggiunto il podio e, dopo il canto d’ingresso e l’indirizzo di saluto del Cancelliere, ha pronunciato il Suo discorso.
Al termine, dopo lo scambio dei doni, il Santo Padre ha lasciato la Sophia University e si è trasferito in auto all’Aeroporto di Tokyo-Haneda.
Pubblichiamo di seguito il discorso che Papa Francesco ha pronuncia nel corso della visita alla Sophia University:
Queridos hermanos y hermanas:
Me alegra mucho poder estar unos minutos con ustedes al final de mi visita apostólica, poco antes de dejar Japón y regresar a Roma. Es el adiós.
Mi estadía en este país ha sido breve pero intensa. Agradezco a Dios y a todo el pueblo nipón por la oportunidad de poder visitar este país, que dejó una gran huella en la vida de san Francisco Javier, y donde tantos mártires dieron testimonio de su fe cristiana. A pesar de que los cristianos son una minoría, su presencia se siente. Yo mismo he sido testigo de la estima general que se tiene hacia la Iglesia Católica, y espero que este respeto mutuo pueda aumentar en el futuro. También he observado que, a pesar de la eficiencia y el orden que caracterizan la sociedad japonesa, se percibe que se desea y se busca algo más: un hondo anhelo por crear una sociedad cada vez más humana, más compasiva, más misericordiosa.
El estudio y la meditación son parte de toda cultura, y vuestra cultura japonesa está, en este sentido, orgullosa de su herencia antigua y rica. Japón ha podido integrar el pensamiento y las religiones de Asia en su conjunto y crear una cultura con identidad definida. La Escuela Ashikaga, que tanto impresionó a san Francisco Javier, es un ejemplo de la capacidad de la cultura japonesa para absorber y transmitir el conocimiento. Los centros de estudio, meditación, investigación, siguen desempeñando un papel importante en la cultura actual. Por esta razón, es necesario que conserven su autonomía y su libertad, en aras de un futuro mejor. Puesto que las universidades siguen siendo el lugar principal en el que se capacitan los líderes futuros, es necesario que el conocimiento y la cultura en toda su amplitud inspire todos los aspectos de las instituciones educativas volviéndose cada vez más inclusivas y generadoras de oportunidad y de promoción social.
Sophia. Siempre el hombre, para administrar sus recursos de manera constructiva y eficiente, necesitó de la verdadera Sophia, de la verdadera Sabiduría. En una sociedad tan competitiva y tecnológicamente orientada, esta universidad debería ser un centro no sólo de formación intelectual, sino también un lugar donde pueda ir tomando forma una sociedad mejor, un futuro más lleno de esperanza. En el espíritu de la encíclica Laudato si’, añadiría que el amor por la naturaleza, tan típico de las culturas asiáticas, aquí debería expresarse en una inquietud inteligente y previsora por la protección de la tierra, nuestra casa común. Inquietud que puede amalgamarse con la promoción de una nueva episteme capaz de ampliar y cuestionar todo intento reduccionista de parte del paradigma tecnocrático (cf. nn. 106-114). No perdamos de vista que «la auténtica humanidad, que invita a una nueva síntesis, parece habitar en medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada. ¿Será una promesa permanente, a pesar de todo, brotando como una empecinada resistencia de lo auténtico?» (ibíd., 112).
La Sophia University ha estado siempre marcada por una identidad humanista, cristiana, internacional. Desde su fundación, la Universidad se ha enriquecido con la presencia de profesores de varios países, incluso a veces de países en conflicto entre sí. Sin embargo, todos estaban unidos por el deseo de dar lo mejor a los jóvenes de Japón. Ese mismo espíritu perdura también en las muchas formas en las que ustedes brindan ayuda a quienes más lo necesitan, aquí y en el extranjero. Estoy seguro de que este aspecto de la identidad de vuestra Universidad se fortalecerá cada vez más, de modo que los grandes avances tecnológicos de hoy puedan ponerse al servicio de una educación más humana, más justa y ecológicamente responsable. La tradición ignaciana, en la que se basa Sophia, debe impulsar a profesores y estudiantes por igual a crear una atmósfera que fomente la reflexión y el discernimiento. Ningún estudiante de esta universidad debería graduarse sin haber aprendido cómo elegir, responsable y libremente, lo que en conciencia sabe que es lo mejor. Que en cada situación, incluso en las más complejas, se interesen por lo que en su conducta es justo y humano, cabal y responsable, decididos defensores de los vulnerables, y sean conocidos por esa integridad que tanto se necesita en estos momentos en que las palabras y las acciones a menudo son o falsas o engañosas.
Las Preferencias Apostólicas Universales que propuso la Compañía de Jesús dejan claro que el acompañamiento de los jóvenes es una realidad importante en todo el mundo, y que todas las instituciones ignacianas deben fomentar ese acompañamiento. Como lo demuestra el Sínodo sobre los jóvenes y sus documentos, la Iglesia universal también mira con esperanza e interés a los jóvenes de todo el mundo. Vuestra Universidad en su conjunto debe centrarse en los jóvenes, que no sólo han de ser receptores de una educación preparada, sino también parte de esa educación, ofreciendo sus ideas, compartiendo su visión y esperanzas para el futuro. Que vuestra Universidad sea conocida por ese modelo de intercambio y por el enriquecimiento y vitalidad que esto genera.
La tradición cristiana y humanista de Sophia University está totalmente en consonancia con otra de las preferencias que mencioné, la de caminar con los pobres y los marginados de nuestro mundo. La Universidad, enfocada en su misión, debería estar abierta siempre a crear un archipiélago capaz de interconectar lo que social y culturalmente puede llegar a concebirse como separado. Los marginados serán creativamente involucrados e incorporados en el currículo universitario, buscando posibilitar las condiciones para que esto se traduzca en la promoción de un estilo educativo capaz de achicar brechas y distancias. El estudio universitario de calidad, más que ser considerado el privilegio de unos pocos, tiene que ir acompañado por la conciencia de saberse servidores de la justicia y del bien común; servicio a implementarse en el área que a cada uno le toque desarrollar. Una causa que nos compete a todos; el consejo de Pedro a Pablo sigue siendo cierto hoy: no olvidemos a los pobres (cf. Ga 2,10).
Queridos jóvenes, queridos profesores, queridos todos los que trabajan en la Sophia University: Que estas reflexiones y nuestro encuentro de hoy den fruto en sus vidas y en las de esta comunidad académica. El Señor y su Iglesia cuentan con ustedes para que participen en la misión de buscar, hallar y expandir la Sabiduría divina y ofrecer alegría y esperanza a la sociedad actual. Por favor, no se olviden también de rezar por mí y por todos los que más necesitan de nuestra ayuda.
Y ahora, mientras me dispongo a dejar Japón, les agradezco, y a través de ustedes a todo el pueblo japonés, por la amable acogida y bienvenida que me han brindado durante esta visita. Les aseguro que los tendré presentes en mi corazón y en mi oración. Muchas gracias.
[01865-ES.02] [Texto original: Español]
Cari fratelli e sorelle!
Sono molto felice di stare con voi per alcuni minuti alla fine della mia visita apostolica, poco prima di lasciare il Giappone e tornare a Roma. È l’addio.
Il mio soggiorno in questo Paese è stato breve ma intenso. Ringrazio Dio e tutto il popolo giapponese per l’opportunità di visitare questo Paese, che lasciò una forte impronta nella vita di San Francesco Saverio e dove tanti martiri hanno dato testimonianza della loro fede cristiana. Sebbene i cristiani siano una minoranza, la loro presenza si sente. Io stesso posso attestare la stima generale nei confronti della Chiesa Cattolica, e spero che questo rispetto reciproco possa aumentare in futuro. Ho anche osservato che, nonostante l’efficienza e l’ordine che caratterizzano la società giapponese, si percepisce che si desidera e si cerca qualcosa di più: un desiderio profondo di creare una società sempre più umana, più compassionevole, più misericordiosa.
Lo studio e la meditazione fanno parte di ogni cultura, e la vostra cultura giapponese è, in questo senso, orgogliosa del suo antico e ricco patrimonio. Il Giappone è stato in grado di integrare il pensiero e le religioni dell’Asia nel loro insieme e creare una cultura con identità specifica. La Scuola Ashikaga, che tanto impressionò San Francesco Saverio, è un esempio della capacità della cultura giapponese di assorbire e trasmettere la conoscenza. I centri di studio, meditazione e ricerca continuano a svolgere un ruolo importante nella cultura di oggi. Per questo motivo, è necessario che mantengano la loro autonomia e la loro libertà, quale pegno di un futuro migliore. Poiché le università rimangono il luogo principale in cui vengono formati i futuri leader, occorre che la conoscenza e la cultura in tutta la loro ampiezza ispirino tutti gli aspetti delle istituzioni educative rendendole sempre più inclusive e capaci di generare opportunità e promozione sociale.
Sophia. Sempre l’uomo, al fine di gestire le proprie risorse in modo costruttivo ed efficiente, ha avuto bisogno della vera Sophia, della vera Sapienza. In una società così competitiva e tecnologicamente orientata, questa Università dovrebbe essere non solo un centro di formazione intellettuale, ma anche un luogo in cui una società migliore e un futuro più ricco di speranza possono prendere forma. Nello spirito dell’Enciclica Laudato si’ , aggiungerei che l’amore per la natura, così tipico delle culture asiatiche, qui dovrebbe esprimersi in una preoccupazione intelligente e anticipatrice per la protezione della terra, nostra casa comune. Preoccupazione che può coniugarsi con la promozione di una nuova episteme in grado di allargare e mettere in discussione ogni tentativo riduzionista da parte del paradigma tecnocratico (cfr nn. 106-114). Non perdiamo di vista che «l’autentica umanità, che invita a una nuova sintesi, sembra abitare in mezzo alla civiltà tecnologica, quasi impercettibilmente, come la nebbia che filtra sotto una porta chiusa. Sarà una promessa permanente, nonostante tutto, che sboccia come un’ostinata resistenza di ciò che è autentico?» (ibid., 112).
L’Università Sophia si è sempre distinta per un’identità umanistica, cristiana e internazionale. Fin dalla sua fondazione, l’Università è stata arricchita dalla presenza di professori provenienti da diversi Paesi, a volte anche da Paesi in conflitto tra loro. Tuttavia, tutti erano uniti dal desiderio di dare il meglio ai giovani del Giappone. Tale medesimo spirito permane anche nei molti modi in cui voi offrite aiuto a chi ne ha più bisogno, qui e all’estero. Sono certo che questo aspetto dell’identità della vostra Università andrà sempre rafforzandosi, in modo che i grandi progressi tecnologici di oggi possano essere messi al servizio di un’educazione più umana, più giusta ed ecologicamente responsabile. La tradizione ignaziana, su cui si basa Sophia, deve stimolare tanto gli insegnanti quanto gli studenti a creare un’atmosfera che favorisca la riflessione e il discernimento. Nessuno studente di questa università dovrebbe laurearsi senza aver imparato come scegliere, responsabilmente e liberamente, ciò che in coscienza sa essere il meglio. Possiate, in ogni situazione, anche in quelle più complesse, interessarvi a ciò che nella vostra condotta è giusto e umano, onesto e responsabile, come decisi difensori dei vulnerabili, e possiate esser conosciuto per quell’integrità che è tanto necessaria in questi momenti, nei quali le parole e le azioni sono spesso false o fuorvianti.
Le Preferenze Apostoliche Universali proposte dalla Compagnia di Gesù evidenziano che l’accompagnamento dei giovani è una realtà importante in tutto il mondo e che tutte le istituzioni ignaziane devono favorire tale accompagnamento. Come dimostra il Sinodo sui giovani e i suoi documenti, anche la Chiesa universale guarda con speranza e interesse ai giovani di tutto il mondo. La vostra Università nel suo insieme è chiamata a concentrarsi sui giovani, che non solo devono essere destinatari di un’educazione qualificata, ma anche partecipare a tale educazione, offrendo le loro idee e condividendo la loro visione e le speranze per il futuro. Possa la vostra Università essere conosciuta per questo modello di confronto e per l’arricchimento e la vitalità che esso produce.
La tradizione cristiana e umanistica dell’Università Sophia è pienamente in linea con un’altra delle Preferenze che ho citato, quella di camminare con i poveri e gli emarginati del nostro mondo. L’Università, focalizzata sulla sua missione, dovrebbe essere sempre aperta a creare un arcipelago in grado di mettere in relazione ciò che socialmente e culturalmente può essere concepito come separato. Gli emarginati saranno coinvolti e inseriti in modo creativo nel curriculum universitario, cercando di creare le condizioni perché ciò si traduca nella promozione di uno stile educativo capace di ridurre le fratture e le distanze. Lo studio universitario di qualità, piuttosto che essere considerato un privilegio di pochi, va accompagnato dalla consapevolezza di essere servitori della giustizia e del bene comune; servizio da attuare nell’area che ognuno è chiamato a sviluppare. Una causa che ci riguarda tutti; il consiglio di Pietro a Paolo è valido ancor oggi: non dimentichiamoci dei poveri (cfr Gal 2,10).
Cari giovani, cari professori e tutti voi che lavorate nell’Università Sophia, possano queste riflessioni e il nostro incontro di oggi portare frutto nella vostra vita e nella vita di questa comunità accademica. Il Signore e la sua Chiesa contano su di voi quali protagonisti nella missione di cercare, trovare e diffondere la Sapienza divina e offrire gioia e speranza alla società di oggi. Per favore, non dimenticatevi anche di pregare per me e per tutti coloro che hanno maggiormente bisogno del nostro aiuto.
Ed ora, mentre mi preparo a lasciare il Giappone, vi ringrazio, e attraverso di voi ringrazio tutto il popolo giapponese per l’accoglienza che con tanta cortesia mi avete dato durante questa visita. Vi assicuro che vi porterò nel mio cuore e nella mia preghiera. Grazie!
© http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html - 26 novembre 2019